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Vinieron con el frío la lluvia y el hielo sus graznidos estridentes teñían el silencio sepulcral que reinaba en los anegados campos, sus formaciones dibujaban figuras imposibles en vuelo, provenían de Europa con el frío pisándoles los talones a lomos vistas.

A muchísima altura el ojo experto distinguía diferentes especies patos, palomas, gansos zorzales grullas.

Los campos ya no toleraban más agua, el viento arreciaba de lo lindo, las nubes negras viajaban a toda velocidad dejando tras de si hielos escarchas y en las cotas más altas su blanco manto.

La lluvia virulenta dolía al impactar en el rostro el viento la empujaba con desidia y esta convertida medio en hielo medio agua pinchaba el rostro como agujas, un sentimiento lúgubre se instalaba en el corazón y el ánimo de los que contemplábamos aquella muestra de fuerza temperamental de la naturaleza mostrando su crudeza hibernal en plena meseta.

El fuego mas aún si cabe y la falta de electricidad daba mas aun aquel aspecto de pueblo ancestral de los de antaño, allí junto a la lumbre y asomados a la ventana uno se sentía insignificante pero a resguardo, arrebujado en prendas de lana a oscuras completamente ni un ruido solo el ulular del viento rompiendo el aguanieve sobre la ventana.

El olor a tocino y el descorchar de alguna botella devolvía a la realidad a los que no congregábamos ante aquel espectáculo .mientras las aves seguían pasando.

Vaya machada la de estas aves huyendo de las inclemencias que arreciaban por Europa de donde provenían. Inconmensurables, cumpliendo fielmente con su ciclo vital la migración, aunque esta estuviera condicionada a un cambio de tiempo que de no cesar amenazaba con incomunicar aquella aldea con el resto del mundo.

El río desbordado su cauce por un torrente brutal inacabable saltaba ya por encima del puente que comunicaba con la aldea más próxima y con el resto de la civilización, por otro lado la nieve hacia imposible el paso por las cadenas montañosas, atollando las carreteras, soterrando estas bajo metros de nieve borrándolas de la faz terrestre, contemplando la serranía solo se distinguía un manto blanco uniforme que se perdía en el infinito.

Los campos andaban impracticables, anegados imposibilitados par cualquier actividad.

La tierra se pegaba al calzado aumentando a cada paso el peso de las botas que por mucho que las sacudieras no se liberaba de este, añadiendo un peso a los pocos pasos insalvable, en otros te hundías hasta las rodillas, haciendo el andar unos metros una penitencia y había de ser gateando, las escopetas dormitaban en sus fundas, llevábamos 2 días sin poder salir a ningún lado, el transito diario era la asomada al caudal del río, las miradas desde el quicio de la puerta hacia el cielo, viajes al corral para hacer acopio de leña, poco más.

De viandas íbamos bien, comida no iba a faltar en caso de quedarnos aislados en aquel pueblo. La matanza anual del cerdo doméstico aseguraba la piatanza.

Munición a raudales habíamos traído, por indicación del guarda, habían palomas y patos como para fundir un cajón por día, plomo gordo dijo munición de cuarta quinta e incluso doble cero que llevan altura y aquí eso unido al frío hace que muchos cartuchos mediterráneos se queden cortos.

Miguel nativo de allí pero afincado aquí en Valencia ya lo avisó, aquello es otro mundo, allí hasta la munición se hiela antes de llegar a la pieza. Una semana que baje la faena, vamos y cazamos los tres, mi tío es guarda y cuando vea movimiento avisa, no se trataba de Siberia ni de algunas zonas terrestres extremas fue Burgos, en las estepas, allí cuando se lía ..es para verlo no lo creeríais, y en efecto así fue, aunque habíamos topado con uno de los temporales más crudos de los que se recordaban en lustros, aquello era increíble, en cuanto al clima y especies lo que queráis: perdices ,liebres , paso de torcaces, patos, becadas y caza mayor, el terreno es estepa y monte.

Collados altos por donde transitan bandos miles¡¡ en su paso a la hibernada, muchas paran descansan y se van hacia el sur una vez recuperadas las fuerzas, que comida allí de sobra tienen, así que además de las foráneas también hay nativas, doble disfrute ¡¡.

El día siguiente amaneció como los pasados tiempo de perros, pero a la tarde escampo algo y a la noche se podía contemplar alguna estrella en la inmensidad del infinito, aquel cielo era un espectáculo, sin contaminación lumínica alguna y el silencio, tan profundo que se daba a conocer por esta característica, que hablaba con su mutismo absoluto .... poco a poco el cielo quedo raso dejando al descubierto miles de estrellas pintadas en un lienzo soberbio, inconmensurable ...y frío, mucho frío tanto que te agarrotaba las extremidades y dejaba zonas del cuerpo totalmente insensibles, orejas, nariz, manos.

- Migelín mañana al tajo no?

- Si mañana subiremos collado ventoso a las palomas, hay un buen trecho andando y tal como esta de agua el campo mas aun, habrá que subir por las peñas en vez de la senda habitual que esta impracticable...

Una hora no nos la quita ni dios y cargados como burros...cenamos matanza para variar, su tío nos contaba historias de cuando el era un zagal, cuando los pueblos bullían de gentes de sus fiestas antes de que la juventud migrara a las ciudades para intentar labrarse un futuro mejor, despoblando miles de zonas rurales dejándolas vacías

De la cantidad de caza que había por entonces, de hambrunas que había quitado la carne de esta y de como el declive de la menor era cada vez más acusado ante el auge de la mayor, antes habían perdices a puñados en las mismas paredes del pueblo, no hacía falta largarse a las estepas ni andar mucho tras ellas, de como amortizaban los cartuchos, a cada tiro al menos 3-4 piezas si no ni disparar sus tretas para lograr amortizar cada disparo, pues cartuchos no sobraban por aquel entonces y recargados de mala manera con materiales obsoletos. El aumento de la mayor, sustancioso dejaba ya de lado por parte de estos a la menor, viendo superfluo ir tras algo que no tenía mucha chicha ,antes no se veía un bicho aquí ni por casualidad, ahora los hay por castigo sobre todo corzos y jabalís, me lo dicen hace años y los trato de locos.

Poco a poco nos arrebujamos en los camastros aquellos con el duermevela del gusanillo de la caza en el cuerpo poco o nada se duerme... así que antes de la hora convenida ya andábamos al lío....

Salimos a la calle bajo un ambiente siberiano el campo brillaba ante la helada, en fila india, callados completamente tapados en los abrigos bajo varias capas de ropa, enfilamos hacia collado ventoso.

Costaba hasta respirar, exhalábamos vaho a cada expiración y la mezcla de frío sudor y esfuerzo convertía aquello en un martirio, bendito martirio cuando alcanzamos la cima imaginando la que nos esperaba con las torcaces, que a cada tanto se arrancaban de las pinadas que atravesábamos.

El Miguel nos repartió por aquella meseta y esperamos la amanecida en silencio expectante exhalando vaho.... y vinieron...bandos ingentes de cientos de individuos, también más pequeños, prietos con volar cansino y altas...

Recuerdo el primer disparo que lo efectúo Miguelín, el revuelo que se organizó en las pinadas de abajo fue tremendo, el cielo y la amanecida quedaron literalmente tapados por aquella nube de aves enfilando el collado ennegreciendo el cielo y se inicio la traca, las aves no daban tregua, un bando tras otro pim pam pim pammm pero que poquitas bajaban, parecían blindadas ¡¡¡

Los perdigones caían al suelo al poco de disparar el plomo se helaba antes de llegar a ellas, de vez en cuando algún ave se descolgaba del bando por algún perdigón suertudo, solamente parecían sucumbir al plomo zorrero, la leche¡¡¡

Vimos pronto que el único que las bajaba era el Miguelín, así que repartimos la munición del doble 0, comenzando a bajar aves todos, pero seleccionando cada cartucho, cada disparo, solamente a las que Traian poca altura se las fogueaba, llegando a dejar pasar bandos que en las sierras mediterráneas se abatían y además con éxito ..

Pero aquello era otro planeta, el plomo se helaba antes de llegar a la pieza¡¡¡¡ y yo que tachaba de loco al Miguelín...ala en todos los morros¡¡¡

Vaciamos las cajas del zorrero y con un percherón de palomas cada uno nos bajamos al pueblo donde comentamos los diversos lances lo imponente de lo que acabábamos de vivir aunque para el Miguelín aquello era común, del frío que habíamos padecido, cada encare del arma un suplicio, la inseguridad de los disparos y lo impredecible de estos pues el agarrotamiento más las capas de ropa suplementarias, dificultaba apuntar a un ave en concreto tomando bien los puntos.

A la lumbre nos calentamos y cambiamos las ropas el tío de Miguelín había ido a ver el caudal del río buscando algún meandro o recodo donde tirar algún pato, mientras una buena caldera de arroz con paloma bullía en la lumbre apañada por mi padre olía a maravillas.

Apañamos la mesa y esperamos al tío del Miguelín observando las aves abatidas algunas gordas, otras en los huesos ...unas grandotas otras mas chicas .... llegó el tío del Miguelín...

- Huele bien eso chavalines ¡¡¡

- Siéntese que lo esperábamos con ruido en las tripas, se ha dado bien?

- Nunca había visto tanta paloma junta¡¡¡ madre de dios ¡¡¡

- Eso no es nada, antes venían más ahora en dos días pasan todas y se acabó solo quedan las de aquí ..

- Vaya este guiso esta de vicio chicos¡¡¡

Se atizó dos platos soperos el abuelete se arrimó una botella de orujo y amenizamos la tarde hasta la hora de patos ...ala vamos subid al auto que os acerco a la charca que están los bichos esos, aquí nadie los caza no les pega nadie.

- Que? Que no los quieren ? Hostias¡¡ La que vamos a liar ..

Nos apeó en la cuneta, todo recto por la vereda y tras la lomita aquella anda la laguna, allí hay bichos de esos a raudales ya vengo a la noche a recogeros. Para variar el Miguelín llevaba la batuta, portábamos entonces dos canes la bretona de mi padre y el bretón cruzado con setter mío muy cazados ambos y a todo.

Atados los dos para que no espantaran los posibles patos que hubiere allí, el Miguelín hizo una asomada para comprobar como andaba aquello y sin mediar palabra nos instó a rodear aquella laguna de poca extensión, hicimos lo propio,en silencio y una vez ubicados nos hizo una señal con la mano para avanzar.

Soltamos a los perros e hicimos la asomada, aquello me dejo atónito, en mi vida había visto tantas palmípedas juntas, además ninguna levantó el vuelo, a nado se alejaron hacia el río, el primer disparo lo efectuó el Miguelín, fue al viento, para que los patos alzaran el vuelo.

Aquello fue un fusilamiento yo vacié dos veces el arma, mi padre igual, el Miguelín solo una, aquellos bichos parecían de corral no se iban y los que lo habían hecho volvían fue una carnicería.

Los perros se afanaban en traer y buscar sin descanso hasta que las aves dejaron de venir, aprovechamos aquella parada para recuperar lo abatido y prepararnos para otra oleada, a cada bando que venía se iban muy pocos vivos, cayó la noche y aún andábamos repartiendo leña hasta que nos dio vergüenza aquel atentado y cesamos la traca.

Claro estaba que los animales no conocían las armas ni la caza, e influyo también la crecida del río donde no podían sestear por la fuerza de la corriente se juntaron ambos factores además de tener unas lomas que cortaban el viento dejando la lamina acuosa calma, eran todo azulones de gran tamaño algunos portaban el buche lleno de bellotas y otros de cereal estaban gordotes y enormes cuando salimos de la laguna aún seguían entrando.

Si hubiésemos querido el estrago había sido mayor, pero eso era abusar de unas aves que poco tenían que ver con las que cazábamos en los humedales de Valencia, esquivas y listas con hábitos más nocturnos, engañar a aquellas era difícil, ya dados por satisfechos y con un percherón más que abultado subimos al auto del abuelete Miguel.

De camino vimos algunos corzos con las luces del auto, me volvía loco pues solo había visto estos en televisión. Llegados buscamos la lumbre frente la chimenea como diablos, quemándonos hasta las cejas, la ropa humeaba el agua que nos empapo, el olor a caldereta el silencio reinante un compendio de factores que emanaban candidez.

- Mañana tocan perdices chicos nos largamos a las estepas a ver si apañamos alguna liebre y con suerte alguna perdiz, alguna?

Si estas no son las torcaces y no se comportan como los patos, están bastante fogueadas, además son demonios apeonan mucho y arrancan largas la maleza nos ha de llegar a la cintura, entre los del pueblo y algunos aforados de los alrededores las llevan fritas.

Cenamos en silencio mirando a la lumbre, solamente el tío de Miguelín rompía el silencio, antes las había a cientos, pero no se que pasa que cada vez quedan menos, siendo yo zagal la estepa era un gallinero, sisones ,avutardas ,perdices y sin escopeta los cazábamos que maneras de hacer carne ¡¡¡

Aquí ya veis no hay nada más que estepa monte y así que la diversión que quedaba desde zagales era la caza, ahora todo dios se va a las ciudades y solo quedamos los viejos, esto se ha de quedar muerto a la fuerza, como el Miguelín muchos más se fueron, una sangría, tras las palabras allí quedamos, en silencio, mirando los rescoldos de la lumbre.

Recuerdo las campanas de la iglesia marcando las horas, el único sonido de rastros de vida humana, tlonn tlonnn, vamos zagales arriba que ya viene de amanecida, desperezamos el cuerpo acoplamos perros en el auto que renqueante nos acercó a las estepas, inmensas llanuras inacabables en el infinito, a rodales prietas de maleza a otros algo de cereal, pocos accidentes geográficos ..

Abrimos la mano, comenzó el trasiego a ratos era difícil avanzar aquellas matas cerradas, los perros tocaban calientes pero ellas apeonaban guardando las distancias, una liebre se arrancó larga y otra salió de los pies al menda que la falló, solo la vi un segundo antes de que esta se tapara con la maleza y tras el tiro se arrancaron varias perdices a mas de 100 metros delante, una salio cerca y el Miguelín la volcó.

Conducimos la mano hacia unos pequeños escurridores de agua intuyendo que si llevábamos algunas delante allí se aplastarían la bretona de mi padre se quedo de muestra y un bando se arranco de allí, foguearon el Miguelin y mi padre, bajaron una cada uno.

Tras dos horas de marcha tres perdices pobre bagaje como se defendían estas, apeonando, volar lo justo y necesario así que a cada oportunidad esta era traducida por grietas o algún rastrojote con ribazo, justo en uno de estos se arrancó un perdigacho enorme, no le acerté, la abatió mi padre revolada hacia él no era mi día.

El Miguel revolcó otra liebre con las piernas cansadas aparecieron unos cerrotes con vegetación y pinos, parecían islas en el medio del mar, el Miguelín los cogió por un lado yo al otro y mi padre los abordaba por el centro, sonó un solo disparo arrancaron torcaces y alguna perdiz abatí una torcaz y el Miguelín fallo una perdiz del bando que salió pasándole justo a el delante a bastante distancia vimos un corzo dándose a la fuga, mi padre nos llamaba subid¡¡¡

Y allí tendido a 10 metros de el tenia un corzo despatarrado, le había metido hasta el taco del cartucho, hubo que destriparlo allí de malas maneras para agilizar peso ,mi padre se lo echó a la espalda, cogí su arma y desandamos lo andado hasta donde el Miguelín creyó que el viejales llegaría con el auto.

El ritmo del Miguelin se hizo inaguantable y se fue solo al pueblo quedando mi padre y yo a la espera, llegó con el abuelote, cargamos el bicho aquel concluyendo la jornada matinal. Ya en la casa se colgó el bicho de una viga, entre el Miguel y su tío lo apañaron en un santiamén.

Se notaba la destreza de estos con los cuchillos cortando en los sitios justos, despiezando con precisión, apañamos una caldereta con los lomos de este para chuparse los dedos el jolgorio fue aumentando y la bota de vino quedo vacía buena charla sonando ya a despedida.

A la tarde nos arrimamos a las riberas, incluso el abuelete se vino con su vieja plana, maneamos la zona buscando alguna becada logramos bajar tres de las cinco que sacaron los perros.

Una liebre enorme que volcó el abuelete y un ramillete de torcaces que nos ojeábamos los unos a los otros sin querer, la tarde se apagó y con ella la excursión. Aquella quedó para los anales de la historia, irrepetible.

Al día siguiente poco falto para que tío y sobrino lloraran, hacia mucho que esperaban verse, con la promesa de volver pronto pusimos rumbo a casa, a muchas horas de automóvil por las carreteras de una España rural que me caló hasta lo más recóndito, volvimos a repetir claro está, los patos después de la visita ya no quedaron al margen, los del pueblo les cogieron el gustillo y despabilaron pronto, las perdices siguieron en caída libre, las torcaces seguían igual cumpliendo con lo establecido.

El abuelo Miguelín continuó siendo un perfecto anfitrión hasta que la vejez le pudo. Cazamos allí gracias a la amistad con el Miguelín, que cuando abandonó el pueblo recaló por la zona nuestra, en busca de jornales, por cosas de la vida paro en el pueblo y la cuadrilla de mi padre lo acogió y le dio trabajo en el campo, saliendo de apuros económicos, pues se vino con lo puesto.

Gracias a esto echó raíces aquí y quiso agradecer aquel gesto regalándonos lo único que poseía una casa en su pueblo natal, la caza y su amistad.

Ramón Antoni Forner

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Categoría: RELATOS

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