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Los ánades rabudos son aves mayoritariamente migratorias, realizan sus rutas migratorías desde el norte de Europa, hasta la península ibérica, ocupando de manera preferente zonas húmedas próximas al litoral.

Es un ave relativamente abundante en la invernada, los primeros ejemplares llegan a la península en septiembre, aunque la mayor parte de las ánades lo hacen durante octubre y noviembre, desapareciendo durante la época de reproducción. En la península ibérica nidifica de manera esporádica, en las Marismas del Guadalquivir y determinadas lagunas de La Mancha.

Identificación:

El ánade rabudo tiene una longitud media de 51-66 cm, y una envergadura alar de 79-87 cm. Su peso oscila los 900grs-1.100grs. El macho adulto tiene la cabeza y parte superior del cuello de color marrón, atravesado por una fina línea blanca, que conecta con el blanco de sus partes inferiores. Además tiene un atractivo patrón de colores grises y negros en espalda y costados. El plumaje de la hembra es más discreto y apagado, con tonos pardos grisáceos.

El ánade rabudo tiene un vuelo rápido y recto, con cabeza y cuello extendidos, alcanzando una velocidad de 70 a 100 km/h. Por la noche lo reconoceremos por su envergadura, es una de las anátidas con mayor tamaño, inconfundible por a su esbelta silueta, en la que destacan su largo cuello y las largas plumas centrales de la cola.

Comportamiento:

La franja horaria más aconsejable para cazarlo es al amanecer o al anochecer, es cuando suele realizar sus pequeños desplazamientos, durante el día se agrupa para reposar en lugares tranquilos y por la noche se desplaza a los comederos, normalmente arrozales o cultivos.

Se le ve mucho en parejas o en pequeños grupos y frecuentemente mezclado con otras especies formando bandos numerosos. También él en lugares favorables puede concentrarse en grupos que sobrepasan el millar de patos.

Los rabudos son patos muy elegantes y nobles, es un pato capaz de alcanzar una velocidad considerable, aunque prefiere un vuelo tranquilo y pausado, suele realizar entradas muy limpias a cimbeles, tras dar varias vueltas a nuestro puesto, y cerciorarse de que no hay nada anormal. Cuanto mayor es el número de individuos, mayor será el grado de desconfianza.

En la caza del ánade rabudo, el cazador se colocará en las zonas más querenciosas, normalmente en puestos fijos mimetizándose en el terreno, utilizando bocois o tinas utilizará cimbeles de plástico y en su caso cimbeles vivos, con el fin de crear un escenario idóneo, que atraiga a los congéneres salvajes.

 

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